Por Elizabeth Díaz, Ciudad de México.
A tres años de que Razzia Santillán, activista trans e integrante del colectivo Clan Mariposas Negras, fuera sacada injustificadamente del baño de mujeres de la Cineteca Nacional, su caso sigue siendo un recordatorio de la doble violencia que enfrentan las personas trans: la transfobia que las expulsa y la criminalización que intenta castigarlas por resistir.
El 12 de septiembre de 2023, personal de seguridad la sacó del sanitario argumentando que “no era mujer”, pese al criterio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que protege el derecho de las personas trans a usar el baño conforme a su identidad de género.
Lo que comenzó como discriminación derivó en años de persecución judicial. El 18 de enero de 2025, durante una protesta, resultaron derribadas las mamparas de una exposición. La Cineteca Nacional denunció daños y exigió 200 mil pesos, aunque la curaduría afectada estaba valuada en unos 40 mil, según la activista. La carpeta fue remitida a la Fiscalía General de la República, lo que para Razzia implica un endurecimiento de las acusaciones y el temor de ser enviada a una prisión de hombres.
Pero su lucha no se reduce a un expediente. En el pasillo central de la Cineteca, el colectivo instaló un tianguis cultural permanente, CINETERFA, un espacio de autoempleo y cuidado para personas trans, migrantes, indígenas y adultos mayores. Allí también se inauguró la Plaza de las Mujeres Trans Indómitas, y se realizan jornadas de lucha libre trans, sonideros y ballrooms.
En ese mismo espacio de resistencia, la comunidad celebró dos casamientos como una forma de visibilizar el amor trans y de disputar los relatos que niegan sus vidas y afectos. Después, partieron un pastel. Fue un gesto de ternura y una reivindicación política: el amor trans también es una forma de existir, de nombrarse y de defender la alegría en medio de la violencia.
México sigue siendo uno de los países con más transfeminicidios en el mundo. Organizaciones documentaron 59 crímenes de odio contra personas LGBT+ en 2025, 33 de ellos contra mujeres trans. “Somos una población marginada y violentada. Ni siquiera tenemos derecho a habitar el espacio público”, denuncia Razzia.
A tres años, su lucha es también la de muchas personas trans que han encontrado en la Cineteca un lugar para ser sin miedo. Reivindicar a Razzia es reconocer que existir no es delito, que protestar no es delito y que la ternura colectiva puede ser un acto de justicia.
¡Justicia para Razzia Santillán!
#JusticiaParaRazziaSantillán #TransResistencia #NoALaCriminalizaciónTrans #CinetecaNacional #DerechosTrans #AmorTrans
