Por Alexa Herera especial para Sueña Dignidad




Hay un Guillermo Ochoa que está disputando su sexto y último Mundial y hay un Irving Abraham Ochoa que está desaparecido desde el 14 de julio de 2023. Desde pequeña, crecer en una familia futbolera te hace memorizar los apellidos de los jugadores favoritos de los equipos mexicanos. Y hasta algunos internacionales. Vela, Cabañas, Corona, Dos Santos, Herrera, Guardado, Ronaldo, Messi, Beckham, Casillas, Suazo, Benítez.
En esta Copa del Mundo 2026, en la que le tocó a México recibir algunos partidos, he pensado mucho en ello, en los apellidos. En cómo miles de personas los corean dentro y fuera de los estadios, les gritan de coraje, les lloran de alegría. Les tienen esperanza. Los niños de los barrios los portan con orgullo en sus camisetas, anhelando algún día cumplir el “sueño”. Y, sorprendentemente, logran que más de 300 mil personas cierren avenidas y se reúnan en el Ángel de la Independencia para festejar un gol.



Pero, al mismo tiempo, en el mismo territorio, en un país tan complejo, con una dualidad extrema, esos mismos apellidos son gritados por las calles, una y otra vez; por los cerros, entre la tierra y la indiferencia; en las fiscalías y en los SEMEFOS. Son nombrados por familias que les buscan todos los días. Porque se los llevaron. Porque no están.
Quise imaginar qué pasaría si los rostros de quienes nos faltan también los viéramos en todos lados. Que se nos quedara grabado que hay alguien que comparte nuestro apellido y está desaparecido.



Más de 130 mil personas hacen falta en México. La herida que tiene este país no cierra, se abre bruscamente y duele, mientras convive con la inmensa alegría de disfrutar un deporte que nos une culturalmente, que nos tiene emocionadxs con el “¿y si sí?”.
Este es un trabajo fotográfico personal, realizado para compartir un poco de los sentires que me ha generado este Mundial y para seguir nombrando a quienes hacen falta.



