
Foto y texto por Elizabeth Díaz – Colaboración de los 12 Pueblos Originarios de Tecámac
Tecámac, Estado de México.
El pasado 24 de octubre, desde muy temprano, habitantes de San Lucas Xoloc (Xolox) y Los Reyes Acozac se apostaron a la orilla de las vías del tren, cerca de la antigua estación Xolox. Ahí, bajo el sol y entre carteles hechos a mano, esperaron durante horas la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien supervisará junto con la gobernadora Delfina Gómez los avances del Tren AIFA–Pachuca, parte del megaproyecto aeroportuario Felipe Ángeles.
La petición era simple: ser escuchados. La razón, urgente: advertir sobre las afectaciones que esta obra—presentada oficialmente como una apuesta por la movilidad y el desarrollo—representa para sus comunidades y su territorio.



La promesa del tren y el trasfondo ambiental
Para el gobierno federal y estatal, el tren forma parte del modelo de articulación territorial alrededor del AIFA y de los llamados Polos de Desarrollo para el Bienestar: un transporte “silencioso”, “limpio” y capaz de trasladarse a 130 km/h sobre una doble vía electrificada y confinada.
“Conectará familias, acercará comunidades y abrirá nuevas rutas para el desarrollo económico… permitirá reactivar la economía en una zona que tanto lo necesita”, dijo la gobernadora Delfina Gómez durante su visita.
Sin embargo, para los pueblos originarios de Tecámac, la llegada de esta obra se superpone a una larga deuda ambiental y territorial: el desecamiento del antiguo Lago de Xaltocan, la urbanización acelerada, la pérdida de tierras de uso agrícola y, más recientemente, la reconfiguración territorial provocada por el AIFA y sus obras asociadas.
La degradación del paisaje, la pérdida de territorialidad y el agrietamiento de las formas comunitarias de los pueblos originarios de Tecámac no inicia con la construcción del megaproyecto AIFA pero si se intensifica y profundiza, al punto de amenazar con la real desaparición de sus pueblos.
¿Cómo se puede matar a un pueblo?
Manteniendo su historia en el olvido sistemático o como recurso de folklore que niega la real, actual y contradictoria condición étnica; destruyendo su vinculación con sitios que antes fueron sagrados y profundamente venerados para ser convertidos en mercancías dispuestas a ser compradas y vendidas al mejor postor (los cerros, las aguas, los vientos, los seres vivientes no humanos con los que compartimos el ecosistema: plantas, animales, insectos, etc.); destruyendo relaciones sociales que por generaciones han dado sentido de identidad colectiva y comunitaria (los usos y costumbres); destruyendo las figuras de autoridad y espacios de toma de decisiones de una comunidad (figuras reconocidas y respetadas por la comunidad), etc.





La proyección de un megadesarrollo urbano e industrial sin precedentes
Para la organización de 12 Pueblos Originarios de Tecámac: queda claro que el megaproyecto Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) es una demanda del capital financiero transnacional, como lo muestra el Programa Territorial Operativo de la ZNVM -construido bajo asesoría del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)- así como el Plan Maestro de dicho proyecto, pues advierten que para su etapa inicial hasta 2030, se pretende transportar 700 mil toneladas de mercancías hasta alcanzar 1.5 millones de toneladas de carga y 85 millones de pasajeros en su etapa de consolidación para el año 2052. Esto implica alterar dramáticamente el territorio de nuestros pueblos con lo que promete ser un polo de desarrollo regional caracterizado por la instalación del corredor industrial más grande de América Latina el T-MEX Park, más de 140 000 nuevas viviendas, según datos del INFONAVIT, la mayoría de ellas de 30 y 40 metros cuadrados, bajo el ostentoso concepto de “ciudades compactas”, conforme la agenda de ONU y ONU-Habitat y con ello, terminar de transformar la composición de nuestros pueblos, hoy francamente asediados por un modelo de urbanización rapaz y parasitario.



Los megaproyectos como el AIFA, son proyectos de desarrollo de gran diseño, que requieren el reordenamiento integral de la vida de las poblaciones donde se asientan, en respuesta a necesidades de integración continental al servicio de corporaciones.
Como señala la experta en geopolítica de la UNAM, Ana Esther Ceceña, los megaproyectos tienen “piezas” que deben embonarse en sus diferentes tamaños, pesos, contenidos y repercusiones para entenderse realmente como lo que son, un armado complejo de obras asociadas. En este sentido, aunque se presenten como obras diferenciadas, el Tren AIFA-Pachuca no puede dejar se ser visto como una obra asociada a esta estrategia de reordenamiento territorial regional.
Movilidad, desarrollo y sustentabilidad… ¿para quién?
El tren confinado dividiría físicamente a San Lucas Xoloc y Los Reyes Acozac, dos pueblos con una historia entrelazada desde hace más de mil años.
Los caminos que hoy conectan mercados, escuelas, tianguis, centros de salud, milpas y viviendas, también sostienen las tradiciones comunitarias: las procesiones del 25 de diciembre y el 6 de enero, las fiestas patronales y los rituales que han dado cohesión cultural al territorio.
“Es un daño cultural irreparable”, coinciden jóvenes y adultos entrevistados. “No es sólo un tren: es la posibilidad de quedarnos sin los pasos y vínculos que sostienen nuestra vida diaria”.

La espera: seis horas junto a las vías
Con pancartas en las manos y un pronunciamiento preparado, habitantes de ambas comunidades permanecieron seis horas esperando a la Presidenta, a unos metros del anunciado Paradero Xolox.
La intención era abrir un canal de diálogo sobre:
- las viviendas ubicadas dentro o cerca del derecho de vía,
- la falta de información oficial sobre indemnizaciones o reubicaciones,
- la preocupación por escuelas instaladas a escasos metros de la línea,
- la petición de transportistas locales para participar en los empleos prometidos,
- y, sobre todo, el temor por la posible desaparición de los caminos ancestrales.
A ello se suma la preocupación de juventudes por la tala de mezquites, huizaches, pirules, nopales y magueyes, algunas de las últimas formaciones vegetales que resisten al avance urbano desde los años noventa.
“La devastación es brutal”, compartieron jóvenes del grupo ambiental Xolox–Reyes–San Juan. “No es sólo el tren: es todo lo que se han llevado antes y lo que viene después”.
Una solicitud ignorada: 12 oficios sin respuesta
De acuerdo con la Comisión de Límites Territoriales de San Lucas Xolox, vecinos organizados y el grupo ambiental local, se han enviado al menos 12 oficios a distintas dependencias federales.
Hasta ahora, ninguno ha sido respondido formalmente.
Tampoco las numerosas reuniones con representantes de SEDATU y SEDENA han tenido resultados concretos. Para las comunidades, este silencio institucional refleja la narrativa oficial que insiste en que el Tren AIFA–Pachuca “no tiene conflictos con las comunidades locales”.
“Es alarmante”, señalan. “Si siguen avanzando sin escucharnos, será otro atropello más a nuestros derechos territoriales”.
Derecho de vía: una figura que se usa para omitir derechos indígenas

El gobierno federal sostiene que el trazo del tren se construye sobre un antiguo derecho de vía ferroviario concesionado desde el siglo pasado. Sin embargo, para los pueblos originarios de Tecámac, ese argumento se usa para invisibilizar sus derechos como comunidades asentadas históricamente sobre ese territorio.
La obra está a cargo de SEDENA y fue concesionada a un consorcio integrado por la empresa china CRRC Zhuzhou Locomotive Co., Ltd. y la mexicana Mexico Railway Transportation Equipment S. de R.L. de C.V., con vigencia hasta 2052.
Una historia larga de despojos y reconfiguraciones
El proyecto ferroviario inicial ya había alterado el paisaje lacustre del antiguo Lago de Xaltocan. Aún así, logró integrarse a la identidad local sin romper su estructura social.
La versión actual, en cambio, representa un punto de quiebre:
- dividiría físicamente dos pueblos con un origen común,
- aceleraría el cambio de uso de suelo,
- impulsaría desarrollos inmobiliarios e industriales,
- y profundizaría la pérdida de su vocación campesina y agropecuaria.
“Somos un pueblo de dos pueblos”, dicen. “Y hoy quieren partirnos en dos”.
El cerro de Xolox: tóxicos, minas ilegales y más heridas abiertas
Como parte de su defensa territorial, habitantes realizaron un recorrido por el cerro de Xolox, donde existen:
- un vertedero tóxico ilegal,
- minas irregulares,
- afectaciones acumuladas desde la llegada del AIFA,
- y denuncias por el despojo del agua en San Juan Pueblo Nuevo.
En voz de uno de las personas organizadas,, “la defensa del cerro es también la defensa del pueblo entero: si se pierde el cerro, se pierde la memoria y el futuro”.








Tres años de afectaciones y una petición final






Tras casi tres años de obras aeroportuarias y ferroviarias, la población identifica:
- daños ambientales acelerados,
- pérdida de flora local,
- alteraciones al nivel freático,
- mayor presión urbana,
- y la erosión continua de su vida comunitaria.
En este panorama de desolación y resistencia, tres familias encarnan el costo humano del «progreso». Sus hogares, situados frente a las vías del Tren AIFA-Pachuca, son el blanco de una demolición anunciada y una reubicación forzada lejos de su pueblo, que ha comenzado por destruir la calle que los conectaba con el mundo, aislando su existencia.
Elementos militares de la SEDENA, encargada de la obra, junto a representaciones de SEDATU y SICT les han amenazado con hacer «todo lo que sea necesario» para continuar, una advertencia que se ha vuelto un terror tangible cuando de forma reiterada se les presiona a abandonar su patrimonio: destruyendo tomas de agua potable y drenaje; vigilancia de personal a cargo de la construcción de la obra, maquinaria trabajando día y noche, e incluso angustia por el incremento de la violencia.





Al denunciar este ataque, la respuesta institucional no fue la protección, sino la burla, sumando el escarnio a la lista de agravios. Estas familias, como los pueblos de San Lucas Xolox y Los Reyes Acozac, no se oponen al desarrollo, sino a la imposición de un proyecto que avanza sobre sus derechos, su seguridad y su historia, reduciendo su vida y su dignidad a un obstáculo a ser eliminado por la maquinaria del Estado y el capital transnacional.
Por eso, su petición sigue siendo la misma: diálogo real, participación efectiva y una revisión profunda del proyecto ferroviario.
“No nos oponemos al desarrollo”, insistieron durante la jornada.
“Nos oponemos a ser invisibilizados”.
