14 días de resistencias y rebeldías: lxs zapatistas clausuran el encuentro, “Las rebeldías del todo”

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Por Elizabeth Díaz

Semillero de Morelia, Altamirano, Chiapas.– El amanecer del día 14 trajo consigo el cierre del encuentro en el Semillero de Morelia, los murmullos en distintos idiomas se mezclaban con el sonido y los pasos sobre la tierra húmeda. Hoy, después de dos semanas de resistencias y rebeldías compartidas, los zapatistas dieron por clausurado el encuentro internacional “Las partes del todo”.

Las jornadas iniciaron el 3 de agosto, pero en estas montañas el tiempo no se mide igual. Aquí, cada día fue sembrando diálogos que no caben en la inmediatez de la vida digital. Los visitantes de diferentes geografías, esperaban con paciencia el momento de tomar la palabra. Cuando alguien era llamado, se escuchaba un murmullo de expectativa: contar cómo se resiste al capitalismo en un rincón del planeta se volvía un acto de dignidad colectiva.

En el comedor, entre tortillas calientes y frijoles, las conversaciones fluían sobre lo distinto que es habitar estos calendarios. Jóvenes zapatistas que apenas superan los 20 años recordaban, con timidez pero con fuerza, que son hijos e hijas de quienes acompañaron a los rebeldes en 1994. Ahora, nietos también caminan estos pasillos de madera, como un puente generacional que mantiene viva la rebeldía.

Uno de los momentos más intensos del encuentro fue cuando una pirámide de madera cayó al suelo, levantando polvo y gritos de celebración. No era un juego: era el símbolo del sistema capitalista derrumbado. “Construir el común”, insistieron los zapatistas, es la tarea que sigue.

Las nuevas generaciones de Bases de Apoyo se apropiaron del escenario con obras de teatro donde la autocrítica se volvió herramienta. Al mismo tiempo, comandantas, comandantes y el Subcomandante Moisés respondieron preguntas sin rodeos: sobre salud, educación, derechos de las mujeres, justicia. “Por eso este lugar se llama semillero —explicó Moisés—, porque a ver qué semilla encuentran acá”.

La solidaridad con Palestina atravesó el encuentro. En medio de banderas, consignas y abrazos, se recordó que mientras los pueblos zapatistas luchan por la vida en Chiapas, el pueblo palestino resiste a un genocidio en Medio Oriente. La conexión entre rebeldías locales y globales se tejió con firmeza en cada participación.

Al caer la tarde del día 14, las lonas comenzaron a doblarse, los bancos a apilarse y el eco de las últimas pláticas quedó suspendido en el aire. Nadie salió con recetas, pero sí con certezas: que la esperanza existe, que otra forma de vida sigue latiendo y que Chiapas, una vez más, sembró semillas que viajarán en mochilas, libretas y corazones a distintas partes del planeta.

En tiempos dominados por lo fugaz y lo inmediato, los zapatistas dedicaron dos semanas a escuchar y dejarse escuchar. Hoy, al clausurar el encuentro, dejaron claro que su apuesta —después de 30 años de rebeldía— sigue siendo la misma: la vida.

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